¿Cuáles serían las iniciativas prioritarias de la Comunidad Internacional para conseguir una lucha eficaz contra el SIDA?
El SIDA sigue siendo una enfermedad tributaria de la desigualdad. La desigualdad entre ambos sexos, derivada en gran medida de la considerable desventaja económica y social de las mujeres en relación con los hombres, contribuye a incrementar la vulnerabilidad biológica femenina ante el VIH. La desigualdad social, alimentada por el estigma y la discriminación, los prejuicios y las violaciones de los derechos humanos, afecta la capacidad de grupos esenciales de la población, como los consumidores de drogas inyectables, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y los trabajadores de la industria del sexo, para acceder a la prevención, el tratamiento y los servicios sanitarios relativos al VIH. A los jóvenes, a causa de su edad y otras barreras socioculturales, se les niega a menudo el acceso a la totalidad de la información y los servicios necesarios para prevenir la transmisión del VIH y recibir tratamiento, cuidados y otras formas de apoyo que necesitan. Por último, las desigualdades económicas pueden generar abusos de poder y un aumento de la disponibilidad a correr riesgos relacionados con la actividad sexual, como lo demuestran quienes aceptan mantener relaciones sexuales pagadas con el fin de adquirir comida o satisfacer otras necesidades básicas, propias o de sus hijos.
Este año, el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA está dedicado al tema del “liderazgo”. Es un tema que reconoce la necesidad de una perspectiva estratégica, de una acción centrada y duradera, para generar autonomía, motivación, y responsabilidad. Es un tema que debería hallar eco en todos nosotros, ya que el liderazgo es una necesidad de todos, comprendidos los gobiernos, los asociados para el desarrollo, el sector privado, la sociedad civil, las comunidades y los individuos, con miras a prevenir la difusión del VIH, crear capacidades para afrontar las repercusiones del SIDA y superar las desigualdades que en gran medida han entorpecido hasta ahora nuestra respuesta.
A medida que nos adentramos en el segundo cuarto de siglo de lucha contra el SIDA, el liderazgo exigirá reflexión e iniciativas basadas en las importantes lecciones que hemos aprendido acerca de lo que debe hacerse. Ahora comprendemos la importancia de que cada país “conozca su epidemia”, esto es, conozca la naturaleza, la dinámica y las características de la misma en el ámbito nacional, con el fin de velar por que las estrategias se ajusten a las condiciones locales. Sabemos que la prevención del VIH es más eficaz cuando se lleva a cabo mediante un programa global que aborda no sólo el riesgo sino también las vulnerabilidades y que aprovecha las sinergias entre la prevención, el tratamiento, el cuidado y el apoyo. Sabemos que nuestras acciones deben verse configuradas en función de los hechos comprobados y la experiencia acerca de lo que ha demostrado ser eficaz. Por último, estamos más conscientes que nunca de que no podemos dormirnos en los laureles sino que tenemos que mantener una decisión inquebrantable y una voluntad sólida durante un largo plazo, aprovechando las ventajas y contribuciones de todos los copartícipes en la tarea.
Estas lecciones se reflejan en la labor de la UNESCO y en su renovada Estrategia para responder al VIH y el SIDA. La estrategia revisada otorga prioridad al cumplimiento de los cometidos de la UNESCO en el marco de la división del trabajo del ONUSIDA, que comprende la función de coordinadora de las tareas de prevención del VIH entre los jóvenes en las instituciones educativas. La UNESCO es también la coordinadora de la EDUSIDA, la Iniciativa Mundial sobre Educación y VIH y SIDA, que proporciona a los Estados Miembros un marco asociativo importante para avanzar en la aplicación de respuestas globales al VIH y el SIDA en el sector de la educación. Al mismo tiempo, aprovechando sus competencias multisectoriales, la UNESCO se asocia con otros copatrocinadores del ONUSIDA y los apoya en los ámbitos que coordinan.
En el plano mundial, el aumento del compromiso político y el liderazgo en materia de lucha contra el SIDA está reforzando considerablemente la capacidad de acción. En junio de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una nueva “Declaración Política sobre el VIH/SIDA", en la cual los dirigentes del mundo se comprometieron a trabajar mancomunadamente con el fin de lograr de aquí a 2010 el objetivo de acceso universal a programas de prevención, tratamiento, atención y apoyo, empeño que ha recibido un firme respaldo en los compromisos asumidos recientemente por el G-8.
El liderazgo también resulta evidente en el aumento de la financiación destinada a la lucha contra el SIDA, no sólo de parte de los gobiernos y las organizaciones internacionales, sino también de fundaciones y filántropos importantes. Pero, si se quiere alcanzar el objetivo de 2010, se necesitarán con urgencia muchos recursos más.
Los avances realizados hasta ahora constituyen un tributo al liderazgo en todos los niveles, pero, como ha puesto de manifiesto la historia reciente, debemos redoblar los esfuerzos, adaptar nuestras actividades a las situaciones sociales y epidemiológicas presentes sobre el terreno y movilizar suficientes recursos económicos para responder al SIDA en el futuro inmediato. Insto a todos a que aprovechen el Día Mundial de Lucha contra el SIDA de este año para perfeccionar su liderazgo personal y profesional. Y reitero nuestro firme compromiso: la UNESCO cumplirá con su misión en la respuesta mundial al VIH y el SIDA.
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